Recibí un testimonio respecto de Abrahán, y éste a su vez razonó concerniente al Dios del cielo. «A fin de lograrlo—dice él—vamos a suponer que tenemos dos hechos: esto da a entender que puede existir otro hecho, porque si hay dos hombres en la tierra, uno más sabio que el otro, este hecho lógicamente muestra que puede existir otro más sabio que el más sabio de todos.

Las inteligencias existen una más alta que la otra, de modo que no tienen fin. «Si Abrahán razonó de este modo; si Jesucristo es el Hijo de Dios, y Juan el Revelador descubrió que Dios, el Padre de Jesucristo, tenía Padre, bien podemos suponer que El también tuvo Padre. ¿Ha habido jamás un hijo sin un padre? ¿Y hubo jamás un padre, sin que primero fuese hijo? ¿Cuándo ha nacido un árbol, o ha tenido existencia cualquier otro objeto, sin tener progenitor? Y así se desarrolla todo.

El apóstol Pablo dice que lo terrenal es a semejanza de lo celestial. De modo que si Jesús tuvo Padre, ¿no podemos creer que El también tuvo Padre? Me repugna la idea de atemorizarme por causa de esta doctrina, porque la Biblia está llena de ella. Quiero que os fijéis particularmente en lo que estoy diciendo. Jesús dijo que el Padre obraba precisamente en la misma manera en que su Padre había obrado antes de El. Así como el Padre había obrado, Jesús puso su vida y la volvió a tomar tal como su Padre lo había hecho antes.

Así como el Padre había obrado, Jesús puso su vida y la volvió a tomar tal como su Padre lo había hecho antes. Cumplió con el fin para el cual fué enviado: puso su vida y la volvió a tomar; y entonces le fueron entregadas las llaves. Sé que es buen razonamiento.[1]


[1] Enseñanzas del Profeta Jose Smith

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