Es doctrinalmente incompleto hablar del sacrificio expiatorio del Señor con frases abreviadas, tales como “la Expiación”, “el poder habilitador de la Expiación”, “aplicar la Expiación” o “ser fortalecidos por la Expiación”. Tales expresiones suponen un riesgo real de centrar la fe en algo equivocado al tratar el acontecimiento como si este tuviera una existencia viviente y capacidades independientes de nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo.

Bajo el gran plan eterno del Padre, es el Salvador quien sufrió. Es el Salvador quien rompió las ataduras de la muerte. Es el Salvador quien pagó el precio de nuestros pecados y transgresiones, y quien los limpia con la condición de que nos arrepintamos. Es el Salvador quien nos libera de la muerte física y espiritual.

No existe una entidad amorfa llamada “la Expiación” a la que podamos acudir en busca de socorro, sanación, perdón o poder. Jesucristo es la fuente. Términos sagrados como Expiación y Resurrección describen lo que el Salvador hizo, según el plan del Padre, para que podamos vivir con esperanza en esta vida y obtener la vida eterna en el mundo venidero. El sacrificio expiatorio del Salvador —el acto central de toda la historia de la humanidad— se comprende y se aprecia más cuando lo relacionamos expresa y claramente con Él.

El evangelio de Jesucristo está lleno de Su poder, el cual está disponible para cada hija o hijo de Dios [1]

Entonces, para ser específicos, en lugar de decir, “el poder habilitador de la expiación”, tal vez podríamos decir algo como “el poder habilitador del Salvador, hecho posible por nosotros a través de Su expiación”.

En lugar de decir, “aplicando la expiación”, tal vez podríamos decir algo como “aplicar el poder del Salvador, que nos fue posible a través de Su expiación”.

En lugar de decir, “ser fortalecido por la expiación”, tal vez podríamos decir algo como “ser fortalecido por el poder del Salvador, hecho posible a nosotros a través de Su expiación”.

“Por lo tanto, debe ser una expiación infinita, salvo que debe ser una expiación infinita que esta corrupción no podría poner en incorrupción. . . . donde no hay condenación, las misericordias del Santo de Israel los reclaman a causa de la expiación; porque fueron librados por el poder de él ”[2].


[1] Nelson, R. (2018). Cómo obtener el poder de Jesucristo en nuestra vida – Por el presidente Russell M. Nelson. Retrieved from https://www.lds.org/general-conference/2017/04/drawing-the-power-of-jesus-christ-into-our-lives.html?lang=spa

[2] 2 Nefi 9:10, 25

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